¿Cómo está la salud mental de la Casa Blanca?
- Jordi Abarca
- 30 nov 2024
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 2 dic 2024
Se acaban de realizar las elecciones de 2024 en EE UU, dando como ganador al republicano Donald Trump ante la demócrata Kamala Harris. Con estos acontecimientos aprovecho para hacer un repaso histórico a través de un estudio riguroso de Jonathan Davidson- profesor del departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento, con su equipo de la Universidad Duke en Durham, Carolina del Norte- sobre la relación histórica y cercana que ha habido y hay entre los trastornos psíquicos y los presidentes de toda una potencia mundial como los Estados Unidos.

Este estudio analizó la salud mental de los 37 primeros presidentes de EE UU entre 1776 y 1974, llegando a la conclusión de que al menos más de la mitad padecieron trastornos mentales en algún momento de su vida. Muchos de ellos padecieron depresión, ansiedad, trastorno bipolar, alcoholismo, adicción al sexo y constantes comportamientos inapropiados y psicopáticos. Todo esto fue también teñido de una obsesión sin límites en búsqueda del éxito y un gran afán de poder.
Con este cóctel de trastornos, muchos de ellos- incluso influenciados por las grandes élites del poder- han tomado decisiones extremadamente cuestionables y peligrosas para la supervivencia humana: conflictos bélicos, salud medioambiental o bienestar general de la población mundial.
Es evidente que no hay que poner a todos los políticos en el mismo saco. Por suerte, siempre hay grandes excepciones, como el bueno de Pepe Mujica, agricultor, político y presidente de Uruguay entre los años 2010 y 2015. Pero sí siento que la mayoría han tomado el camino equivocado.
Muchos de estos políticos han decidido tomar la senda de la destrucción para sentirse de alguna manera más vivos y encontrar su sentido a la vida, llegando a humillar al prójimo sin contemplaciones y tomando decisiones desconectadas y criminales para llenar su vacío existencial. Esto nos lo cuenta la psicóloga Alice Miller (1923-2010), conocida mundialmente por ser toda una experta en maltrato infantil y los efectos que conlleva tanto en la sociedad como en el individuo que lo ha sufrido. Muchos de estos gobernantes fueron objeto de maltrato en su infancia y buscan, de forma patológica y perturbada, la manera de liberarse de las consecuencias de los abusos padecidos. Con estas acciones inconscientes, desconectadas y totalmente desproporcionadas pretenden eliminar sus propios miedos, frustraciones y sentimientos de culpa que cargan desde hace muchos años y que las convierten en personas potencialmente peligrosas. Es importante considerar y destacar que la negación a nuestro sufrimiento no ayuda para nada a entender las razones de nuestros miedos. Esta conclusión no justifica para nada su comportamiento y sus acciones, pero creo que es importante saber y entender el origen de la violencia que proyectan estos individuos.

Es muy probable que si estas personas hubieran tenido la suerte o hubieran sentido la motivación para encontrar a lo largo de su vida algún ser humano confiable que las escuchara sin ser juzgadas ni mal interpretadas de todo el malestar que padecían, podrían haber sentido el coraje para desvelar y enfrentarse a su propia verdad, reconocer que sufrieron maltrato y a la vez poder abandonar a medida que pudieran, el sentimiento de culpa para liberarse de las consecuencias de los abusos recibidos. Este sería el primer paso consciente e imprescindible para poder empezar a sanar su historia y no proyectar el malestar que llevan en su interior a personas o sociedades totalmente inocentes.
El maltrato no solo lo realizan los gobernantes, también lo pueden ejercer personas cercanas a nuestro entorno, ya sea compañeros o compañeras de trabajo, relaciones sentimentales, familiares o cualquier persona con quien tengamos un mínimo de relación personal o vínculo afectivo. Es importante destacar que hay seres humanos que luchan consigo mismos y se responsabilizan para tratar de lidiar su propio malestar, pero hay otras personas que lo hacen haciendo daño a su entorno más cercano.
Tengo la sensación de que la mayoría de personas hemos sido víctimas en algún momento de nuestra vida, con mayor o menor medida, del maltrato consciente o inconsciente por parte de algún adulto. Pero también es verdad que no todos reaccionamos igual ante una misma situación, desplazando nuestro mal rollo a otras personas que no tienen nada que ver con lo que ha sucedido en nuestra historia.
Es bien cierto que si tenemos el conocimiento de dónde venimos y de dónde surge nuestro malestar y las emociones desorganizadas, podemos llegar a conectar con la persona que somos, para querernos y respetarnos tal como nos merecemos. Esto sería bueno y saludable para sanar la carencia afectiva que nos falta en la mayoría de los casos desde una temprana edad.
Llegado a este punto, quiero destacar que el maltrato en la infancia y en la vida adulta tiene muchas formas de manifestación, aquí os expongo algunos ejemplos:
Maltrato físico: Se produce cuando una persona, de manera deliberada, pone en riesgo la integridad física de otra persona.
Abusos sexuales: El abuso sexual infantil puede implicar contacto físico sexual, contacto oral- genital o mantener relaciones sexuales. También se puede exponer a la criatura en actividades sexuales como la pornografía, la prostitución o el tráfico sexual.
Maltrato psicológico: Este va en dirección a dañar la autoestima o el bienestar de la persona. Se puede producir con ataques verbales y emocionales, como desvalorizar, ignorar, aislar o rechazar. Este maltrato daña la integridad y la dignidad del ser humano, aunque sus consecuencias no sean tan visibles inmediatamente.
Abandono: Consiste en no proporcionar a los hijos un buen vínculo afectivo positivo, alimentos, vestimenta, refugio, buenas condiciones higiénicas, atención médica y educación.
Bullying: Este maltrato hace referencia al maltrato físico y psicológico que se produce en el ámbito escolar. En algunos casos alarmantes, la víctima puede llegar a sentir tanto dolor que puede llegar a tomar la decisión de quitarse la vida.
Mobbing: Es muy parecido al bullying, pero este en cambio se produce en el ámbito laboral. La víctima puede recibir mucho menosprecio afectando plenamente su autoestima.
Volviendo al estudio de Jonathan Davidson aquí os dejo algunos ejemplos biográficos de algunos de los presidentes norteamericanos, con un pequeño análisis de su estado de salud mental y sus comportamientos en algún momento de su vida. Es muy probable que esta información en su día se mantuviera bajo secreto y fuese ocultada a la opinión pública, para no debilitar su propio poder.

GEORGE WASHINGTON Comandante en jefe del Ejército Continental, fue el primer presidente de los Estados Unidos (entre 1789-1797). En 1976 y en plena Guerra de Independencia, ante el ataque de las tropas británicas y viendo que sus propios soldados huían muertos de miedo, se quedó sentado encima de su caballo en un estado catatónico viendo cómo el ejército británico lo atacaba sin piedad. Más tarde Washington reconoció que se sentía tan molesto por la conducta de sus tropas que prefería morir antes que vivir. Algunos de sus oficiales finalmente lograron salvarle la vida poniéndolo en un lugar seguro.
JOHN ADAMS Abogado, diplomático y escritor, fue el segundo presidente del país entre los años 1789 y 1797. Un hombre absolutamente lunático por momentos, despojado de sus sentidos y padecía trastorno bipolar.
THOMAS JEFFERSON Considerado uno de los padres fundadores de la nación, fue el tercer presidente de los Estados Unidos ocupando su cargo entre 1801-1809. Durante su mandato sufrió el trastorno de ansiedad social.
ABRAHAM LINCOLN Fue un abogado que lideró en los Estados Unidos durante la Guerra de Sucesión un conflicto extremadamente sangriento. Fue el decimosexto presidente de la nación (1861-1865) y considerado uno de los más importantes, siendo el hombre que abolió la esclavitud.
En su juventud padecía episodios de depresión muy severos y personas de su alrededor temían por su vida ante un posible suicidio. Siempre fue un hombre con una expresión muy seria y melancólica que le acompañó a lo largo de su vida. La desgraciada temprana muerte de su hijo Willie de 11 años por fiebre tifoidea le dejó una tristeza muy profunda que no podía soportar.
Abraham Lincoln compartía con su entorno más cercano que el trabajo lo mantenía ocupado y que el humor le servía como válvula de presión.
THEODORE ROOSVELT Militar, estadista, historiador y escritor, fue el vigesimosexto presidente entre los años 1901 y 1909. Según historiadores estadounidenses, padecía trastorno bipolar con una mente hecha pedazos y con obsesiones muy severas. También luchó por una depresión muy fuerte al inicio de su carrera política, después de la muerte de su joven esposa el Día de San Valentín de 1884. En esa época se aisló en su rancho construido en la zona de las Badlands en Dakota, cazando búfalos, arrestando a ladrones o llegando matar a un pistolero en una cantina.
WOODROW WILSON Abogado y miembro del Partido Demócrata siendo el vigesimoctavo presidente entre los años 1913-1921.
Tenía un constante comportamiento colérico que le afectó durante una pelea para aprobar el tratado de Versalles, sufriendo un derrame cerebral en 1919. A partir de ese grave suceso padeció depresión y paranoia hasta el final de su mandato, dejando a la primera dama Edith Wilson dirigiendo la Casa Blanca.
JOHN F. KENNEDY El asesinato del trigesimoquinto presidente de los Estados Unidos, tuvo lugar el viernes 22 de noviembre de 1963 en la ciudad de Dallas (Texas). Es bien sabido que J.F.K padecía de una salud muy frágil, a causa de migrañas, problemas de espalda y la enfermedad de Addison (una insuficiencia de las glándulas suprarrenales) que le provocaba fatiga, anorexia, náuseas y vómitos. Todo este conjunto de síntomas le hacía ingerir una gran cantidad de medicamentos diarios, hasta convertirse en una persona dependiente de los fármacos. Paralelamente estaba obsesionado por el sexo, con un hambre insaciable por acostarse con muchas mujeres. Pese a estar casado desde 1953 con Jacqueline Bouvier Kennedy, mantuvo muchos romances aprovechando su posición política. Uno de los más comentados fue con la actriz y modelo Marilyn Monroe; Pamela Turnure, encargada de prensa de su mujer; Judith Campbell, amante del mafioso Sam Giancana; Mimi Beardsley, secretaria de 19 años; Ellen Rometsch, que formó parte del Partido Comunista de la Alemania Oriental.
RICHARD NIXON Fue el trigesimoséptimo presidente de los Estados Unidos (1969-1974). Antes de su dimisión, dicen que pasaba las noches bebiendo whisky y escuchando una y otra vez las grabaciones del caso Watergate. Nixon se enfrentaba a un momento difícil de su mandato y tenía el hábito de consumir mucho alcohol y fármacos somníferos. El mandatario estadounidense padecía depresión y paranoia. En una ocasión, y bajo los efectos del alcohol, amenazó con lanzar bombas atómicas a Corea del Norte.
Qué es el síndrome de Hubris (adicción al poder)
Etimológicamente la palabra hubris -que viene del término griego “hybris”- significa “desmesura” y parece ser que muchos políticos y dictadores han padecido este síndrome, considerado como una mezcla de trastorno antisocial, histriónico y narcisista. Muchos de estos gobernantes comparten varios rasgos en común, como un ego desmedido, mucha arrogancia, narcisismo severo, desprecio por otras opiniones y una adicción al poder desmesurada. Me vienen a la cabeza algunos políticos como Margaret Thatcher, Ronald Reagan, George W. Bush, Jair Bolsonaro o Joe Biden- autorizando recientemente a Ucrania para atacar territorio ruso con misiles de EE UU- y cómo no, el mismísimo Donald Trump. Todos mantuvieron y mantienen una excesiva seguridad, mucha confianza, pero envuelta de soberbia, prepotencia y con mucha falta de humildad y empatía. Muchos de ellos son incapaces de escuchar y están totalmente desconectados de sí mismos y fuera de la realidad. Este síndrome normalmente lo representan más las personas con un cargo político importante o individuos muy poderosos con aires de grandeza.
El expolítico británico y psicólogo David Owen junto al psiquiatra Jonathan Davidson, autores del libro Hubris syndrome, proponen que este síndrome esté considerado como un nuevo trastorno de la personalidad y que esté reconocido por el DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales).
Para terminar este artículo, comparto una afirmación- que da mucho que pensar- salida de la boca del presidente de los Estados Unidos Donald Trump:“Soy un genio muy estable"
BIBLIOGRAFÍA
Artículo publicado en Ethic el 27/5/24 por Patricia Fernández Martín con el título: El síndrome de hubris y la desmesura del poder.
Artículo publicado en La Vanguardia el 11/01/2013 por Piergiorgio M.Sandri con el título: La salud de los gobernantes
Artículo publicado en BBC news mundo el 20/4/19 por Jude Sheerin con el título: La historia de los problemas mentales que sufrieron los presidentes de Estados Unidos ( y por qué Trump no es el primero al que califican de "lunático")
Artículo publicado en almagestalt.com con el título: Rescatar al Niña/o Herida/o
Artículo publicado en Clarín el 9/12/16 con el título: Un obsesionado por el sexo
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