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¿En qué ondas andas?

Jordi Abarca

El cerebro es la parte más desconocida del cuerpo y es uno de los órganos más importantes de los seres humanos. Se sabe muy poco de cómo funciona, siendo un gran desafío de la Medicina y de la Biología de la Ciencia hasta el momento.



Esto lo confirma el Proyecto Brain, impulsado por el neurobiólogo y profesor de la Universidad de Columbia Rafael Yuste (Madrid 1963). Dicho programa se inició en 2014 y fue lanzado por la administración de Barack Obama el 2 de abril del 2013, donde se calculó una inversión inicial de 100 millones de dólares de financiación federal. Este proyecto -financiado con dinero público y también por parte de diversas fundaciones privadas- tiene el objetivo de desarrollar técnicas nuevas para poder mapear la actividad de circuitos neuronales enteros en animales y en humanos y poder combatir los defectos que ocurren en enfermedades neurológicas como el Alzheimer y el Párkinson. Este programa tiene previsto una duración de 15 años, finalizando el año 2026.

 

Es muy importante destacar que el propio Rafel Yuste abandera la campaña a favor y en defensa del reconocimiento oficial de los neuroderechos, la protección del cerebro y su actividad a medida que se produzcan avances en neurotecnología, para evitar que sus propios experimentos puedan dar pie a la invasión o a la manipulación del pensamiento y, con él, el de las personas.

 

Lo que se sabe hasta el momento del cerebro es de la existencia de unas ondas cerebrales que regulan nuestros pensamientos, emociones y conductas.


Nuestro cerebro produce impulsos eléctricos que viajan a través de nuestras neuronas. Estos impulsos eléctricos provocan ritmos que son conocidos como ondas cerebrales. Los impulsos eléctricos son información que viaja de neurona a neurona haciendo uso de cientos de miles de ellos para lograr transpirarse y ejecutar una función determinada.

 

La actividad que realizan las ondas cerebrales puede ser observada por un electroencefalograma, EEG. Desde la invención del EEG se han producido numerosas investigaciones que han estudiado la relación entre las ondas cerebrales y los estados de conciencia. Sabemos que los diferentes patrones de ondas cerebrales se relacionan con diferentes estados de conciencia, como la concentración intensa, sueños vividos, somnolencia, relajación, hipnosis, estados alterados de conciencia, etc.

 

Las ondas cerebrales se miden en Hertz o ciclos por segundo y en los seres humanos estos patrones se reducen a cinco: Gamma, Beta, Alfa, Theta y Delta. A continuación describo estos tipos de ondas cerebrales en orden de mayor a menor actividad:



ONDAS GAMMA

Estas ondas son peculiares y diferentes ya que están muy relacionas en el proceso de la percepción consciente. Son ondas muy rápidas, las podemos encontrar entre 25-100Hz. Hasta hace relativamente muy poco tiempo se desconocía la existencia de ellas, ya que son muy complejas y difíciles de captar en los encefalogramas. De hecho, sus primeros informes proceden de un estudio con monos realizado el año 1964. El estado Gamma se puede encontrar en la fase REM y está muy asociado a estados de felicidad muy alta en relación a la autoconciencia de tu propio ser o la conexión con uno mismo. También se pueden encontrar cuando estamos aprendiendo cosas nuevas y captando nueva información, pero de momento no hay un acuerdo unánime de la comunidad científica al respecto.

 


ONDAS BETA

Estas se producen cuando el cerebro está despierto o implicado en actividades cotidianas y comunes, donde necesitamos estar pendientes de múltiples estímulos con plena atención y esto provoca que la persona se pueda encontrar demasiado excitada. En la sociedad actual el ser humano  cada vez está más en estado beta por un exceso de estrés, de preocupaciones y la autoexigencia hacia uno mismo, pudiéndole causar ansiedad. De las cinco ondas, son las más amplias y las de mayor velocidad de transmisión. Su frecuencia oscila entre 12 y 30-35 Hz y detonan una actividad mental intensa, por ejemplo cuando conducimos, si tenemos que dar una charla, realizar una exposición, estudiar o resolver un problema complejo,… En momentos así nuestro cerebro se encuentra emitiendo este tipo de ondas.

 

Es importante que se sepa que un exceso y una sobreactivación neuronal nos puede derivar en un estado de estrés capaz de perjudicarnos: muerte prematura de nuestras células y envejecimiento celular prematuro, y degeneraciones neuronales y físicas por un exceso de esfuerzo y envejecer mucho más rápido.


Por el contrario, un nivel bajo de ondas Beta nos puede condicionar a un estado demasiado pasivo, incluso depresivo.

En cambio, con un buen equilibrio podemos producir un nivel óptimo de estas ondas ya que nos pueden ayudar a estar mucho más receptivos y enfocados a mejorar nuestra capacidad para resolver problemas.

 


ONDAS ALFA

Alfa representa un estado de calma perfecto para la meditación, de escasa actividad cerebral y mucha relajación sin llegar a entrar en sueño. Estas ondas son más lentas y de mayor amplitud que las Beta. Su frecuencia oscila entre los 8 y 13 Hz. Por ejemplo, una persona que ha terminado una tarea que le ha requerido cierta energía y después de ella se sienta a descansar y se toma un respiro como premio, se encuentra a menudo en un estado Alfa; también la persona que está dando un paseo disfrutando del paisaje o sencillamente tumbada en su sofá viendo en el televisor contenido agradable sin llegar a dormirse.


Un nivel elevado de ondas Alfa nos impedirá contentarnos, mantener la atención o incluso sentirnos con muy pocas ganas ni con fuerza para realizar alguna tarea o actividad.

Por lo contrario un nivel bajo puede producir ansiedad, estrés e insomnio.

 


ONDAS THETA

Estas ondas se desarrollan muchísimo en nuestro crecimiento entre los tres y siete años, ya que somos como esponjas y absorbemos todo lo que nos dicen, tanto lo bueno como lo malo, pudiendo dejar una impronta (marca) en nuestra mente consciente e inconsciente. Estas son ondas de mayor amplitud y menor frecuencia (entre 3,5 y 8 Hz). Estas se alcanzan en estado de calma profunda. Un ejemplo claro es cuando estamos en un estado de reflexión, cuando activamos nuestras capacidades imaginativas como el fantasear o soñar despiertos, o la persona que tras conducir un buen rato no recuerda cómo ha realizado sus últimos kilómetros. También cuando experimentamos emociones muy profundas las ondas theta muestran una gran actividad.

 

Se dice que es un estado de inspiración de ideas y soluciones creativas. Se trata de un estado en que las tareas realizadas se han automatizado, ya no se necesita una atención consciente de su realización, permitiéndonos distanciarnos de ella mentalmente. Es decir, que nuestra mente está en otro lugar, como se dice popularmente: “estar en la luna”.


En definitiva, las ondas Theta adquieren mayor presencia en nuestro cerebro cuando terminamos de hacer un gran esfuerzo o una tarea que no nos ha requerido mucha energía y justo después nos relajamos y nos dejamos ir.


Un pico elevado de ondas Theta puede relacionarse con algún trastorno depresivo, estado apático y nos puede costar prestar atención.


Los picos bajos cursan con ansiedad, estrés y una baja auto-conciencia emocional.


Un nivel adecuado de ondas theta favorece la creatividad, la conexión emocional e incluso ser más intuitivos.

 


ONDAS DELTA:

Son ondas de mayor amplitud y menor frecuencia -entre 1 a 3 Hz- y se relacionan con el sueño profundo.


Cuando nos vamos a dormir, las ondas cerebrales van pasando sucesivamente de beta a alfa, theta y finalmente a delta. Durante el sueño se producen ciclos que duran 90 minutos. Cuando una persona se despierta de un sueño profundo, las frecuencias de sus ondas cerebrales se van incrementando progresivamente, pasando de Delta a Theta, luego Alfa y finalmente Beta. Durante este proceso de despertar, no es extraño que una persona permanezca en un estado Theta durante 15 minutos por ejemplo. Este le permitirá tener un flujo de ideas, las cuales pueden aportarle soluciones, ideas nuevas o nuevos puntos de vista, siendo este un estado especialmente creativo y productivo.


Asimismo, es interesante saber que son muy habituales en los bebés y en los niños más pequeños, de manera que a medida que nos hacemos mayores y envejecemos, tendemos a producir menos ondas Delta. Lo cierto es que el sueño y nuestra capacidad de descansar se van perdiendo poco a poco con los años.

 

Cuando hay problemas con las ondas Delta, vamos a encontrar que no descansamos del todo bien, no nos sentimos con un sueño reparador y vemos que por la mañana no nos sentimos totalmente descansados porque tienen mucho que ver con la regeneración de nuestro sistema nervioso central.


Por otro lado, cabe señalar también que este tipo de onda se relaciona sobre todo con actividades corporales de las que somos conscientes, como la regulación del ritmo cardiaco o la digestión. Un nivel adecuado de ondas Delta favorece el sistema inmunitario y nuestra capacidad para aprender.

 


 

Para terminar este articulo quiero compartir una afirmación muy interesante del mismo Rafael Yuste extraída de una entrevista:

 

“Si no sabemos qué es la inteligencia natural, cómo vamos a hablar sobre la inteligencia artificial”


BIBIOGRAFÍA

  • Entrevista a Rafael Yuste sobre el Proyecto BRAIN, en el canal de YouTube: El Futuro Es apasionante de Vodafone

  • Artículo publicado en Psicología y Mente el 4/2/2022 por Mario Arrimada con el título: Proyecto Brian: qué es y cómo pretende mapear el cerebro humano

  • Las 5 ondas cerebrales y sus funciones, canal de YouTube: La Chica Cuántica

  • Artículo de la Clínica Neuroscenter sobre las Ondas cerebrales

 

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