Hildegart: el proyecto de una madre "fuera de sí"
- Jordi Abarca
- 15 feb
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 17 feb
Aurora Rodríguez Carballeira nació el 23 de abril de 1879 en Ferrol (Galicia), en una familia que gozaba de una holgada situación económica. Su padre, Francisco Rodríguez Arriola, fue nombrado Fiscal de los Juzgados de Marina en Ferrol y años más tarde obtuvo la plaza de Fiscal del Juzgado de Primera Instancia, cargo que ocupó a lo largo de diecisiete años. Su madre, Aurora Carballeira López, influyó mucho en la educación de su hija, con una visión social muy avanzada en los tiempos que corrían, pero la trataba bastante mal en todos los sentidos. Tuvo un hermano con el que prácticamente nunca se relacionó y una hermana que la ignoró desde el día en que nació.
Aurora creció en un ambiente intelectual, rodeada de personas eruditas y progresistas, siendo una niña bastante particular ya que desde temprana edad absorbía los libros de la biblioteca de la casa de sus padres, llena de grandes pensadores filosóficos y científicos, como Charles Darwin. Aurora en muchas ocasiones no recibía la atención necesaria que requería una niña de su edad. De alguna manera, esa situación de abandono la llevó a aprender mucho de las conversaciones intelectuales entre los amigos de su padre, que escuchaba a escondidas. Muchos de ellos formaban parte de la masonería.
Aurora se obsesionó por unas ideas que en esa época estaban en boga, como la eugenesia (corriente del pensamiento orientada al perfeccionamiento de la especie humana mediante intervención manipulada y métodos selectivos). Cabe destacar que a principios del siglo XX muchas autoridades científicas, intelectuales y líderes políticos de la época apoyaban la eugenesia (por ejemplo Henry Ford, Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y el propio Adolf Hitler). Ellos comulgaban con dicha práctica como “saneamiento social”. Lo curioso del caso es que Aurora Rodríguez tenía una ideología política mucho más cercana a la izquierda que a la derecha. En cambio, la práctica de la eugenesia, muy defendida en Occidente, estaba muy apoyada por el pensamiento nazi.
Por distintas circunstancias, con tan solo dieciséis años, se quedó junto con sus padres a cargo de su sobrino Pepito Arriola, hijo natural de su hermana Josefa, que se había ido a vivir a París para escapar de los rumores de los vecinos sobre la dudosa identidad del posible padre de la criatura. Aurora, obsesionada por un estricto cuidado hacia Pepito, lo utilizó como si fuera su propia cobaya. No dejaba que su sobrino se relacionase con otros niños, ni lo dejaba jugar con sus amigos. Se encargó de todos sus estudios y de la educación musical de su sobrino prodigio, que con tan solo tres años tenía un talento musical excepcional. Aurora tenía la neura de convertirlo en un pequeño genio, como Mozart. Cuando su hermana Josefa vio que se podía aprovechar la virtud de su hijo, se lo llevó a Madrid para continuar su formación musical, que terminaría con una beca en Alemania.

A Aurora no le sentó nada bien la decisión de su hermana Josefa, cosa que sintió como una fuerte frustración, hasta el punto de tratarla de mala persona. Sorprendentemente el futuro musical de Pepito cayó en picado, convirtiéndose en un músico más bien del montón y sin destacar. Aurora decía que su sobrino había bajado muchísimo su rendimiento académico porque no estaba bajo su tutela.
Este suceso se transformó en su propia locura, ya que le apareció la descabellada idea de concebir una criatura perfecta, que ningún ser humano del planeta se la pudiera arrebatar. Para este terrible plan necesitaba un hombre al que ella llamaba “colaborador fisiológico”, y al que nunca se le pasara por la cabeza reclamar su derecho como padre. Dicho hombre debía tener una genética impecable, una formación cultural sólida, inquietudes sociales y un alto nivel intelectual. Después de realizar un cribaje, el gran elegido fue el sacerdote catalán Alberto Pallás Montseny, un varón de 49 años. Con él mantuvo tres encuentros sexuales (que Aurora definía como “dolorosas afrentas carnales”) hasta quedarse embarazada.
Finalmente, el 9 de diciembre de 1914, en Madrid, Aurora con treinta y cinco años dio a luz a su hija Hildegart. El nombre de Hildegart no existe como tal, se lo inventó Aurora Rodríguez a partir de dos palabras en alemán que significan “jardín de sabiduría”. Desde el primer minuto Aurora vio a su hija como un proyecto y un experimento social, destinada a salvar al mundo y a las mujeres, y a ser un referente como la mujer perfecta del futuro. La gran contradicción de Aurora era que, por una parte, decía que la mujer tenía que dominar el cambio social; y, al mismo tiempo, definía a la mujer como una persona sin alma y con una psique rudimentaria.
Hildegart: la niña prodigio
No podemos llegar a imaginar lo que sufriría Hildegart desde su nacimiento ante la desmesurada presión por parte de su madre. Aurora, que era muy posesiva, quería que Hildegart fuese la hija perfecta y la mujer redentora. Nunca la escolarizó y desde el primer minuto la quiso educar eugenésicamente a su manera, que significaba dedicar muchas horas al estudio, consumir dietas estrictas y realizar ejercicio físico a diario.

Desde muy pequeña Hildegart demostró tener una inteligencia excepcional -a mi parecer producida por un exceso de estimulación- ya que fue muy significativo que su primer juguete fuese un puzzle con letras. A los tres años sabía leer y escribir, con ocho ya dominaba perfectamente cuatro idiomas (inglés, francés, alemán y español). A los trece años terminó el Bachillerato. A los catorce ingresó en la Facultad de Derecho y con tan solo diecisiete años se convirtió en la abogada más joven de España. Por si fuera poco, también se puso a estudiar Medicina, Literatura y Filosofía.
Las desavenencias entre madre e hija empezaron a hacerse visibles cuando Hildegart se politiza siendo adolescente. A los catorce años ingresó en las Juventudes Socialistas madrileñas y escribió su primer artículo en la revista “El Socialista”. Se convirtió enseguida en una figura destacada del partido. La eligieron vicepresidenta de las juventudes del PSOE y se relacionaba con los intelectuales de la Universidad y del Ateneo de Madrid.
Hildegart empezó a escribir artículos en el diario “La Tierra”, que sostenía que los partidos políticos anulaban la capacidad de pensar y criticaba a los socialistas por su colaboración con el gobierno. El conflicto estaba encima de la mesa: fue expulsada de las Juventudes Socialistas. En ese momento se afilió al Partido Republicano Federal y conoció al dirigente Abel Velilla, con el que mantuvo primero una cercana amistad, que después la llevó al enamoramiento. Esto no le gustaba en absoluto a su madre Aurora, que hizo todo lo posible por romper dicha relación entre los dos, hasta que lo consiguió.
Su desamor con la política fue total. Y se entregó a su otra gran pasión: todo lo que hace referencia a la cuestión sexual. Junto al médico, científico, historiador, político y escritor Gregorio Marañón crearon la Liga española por la reforma sexual, para impulsar la modernización de la vida amorosa. Así se codeó con las grandes élites como el pensador y precursor de la sexología Havelock Ellis, siendo él el que la apodó “La virgen roja”.
Empezó a publicar artículos analizando la crianza de niñas y niños en educación sexual. También sobre la liberación de la mujer. Y propuso la despenalización del adulterio y de la homosexualidad. También escribió sobre la maternidad consciente, el derecho al divorcio, al aborto y a la no monogamia.
Hildegart fue una joven extremadamente productiva y muy trabajadora. En poco más de dos años escribió 16 libros de ensayo y publicó alrededor de 150 artículos, algunos de ellos antitaurinos, pero la mayoría sobre sexualidad femenina y sobre la reforma sexual. Hay que tener muy en cuenta que fueron publicados en los años 1930 en España, ante una sociedad muy conservadora.
Uno de sus últimos éxitos fue el libro Venus ante el Derecho. Consiguió tanta fama que recibió una invitación para viajar a Londres. Hildegart estaba muy ilusionada con este viaje, ya que se le abría un nuevo mundo. La joven se lo comentó a su madre pero esta, inmersa en su locura, le dijo que ni hablar, que estaba todo organizado por el Servicio de Inteligencia Secreto Británico con objetivo político de crear distancia entre ellas. Hildegart, harta de la represión constante por parte de su madre, empieza a rebelarse y decide tomar sus propias decisiones.
Aurora no podía soportar ni aceptar en absoluto la independencia de su hija. En la madrugada del 9 de junio de 1933 acabó con la vida de su hija de 19 años, disparándole cuatro veces a sangre fría en su dormitorio. Aurora decidió matar a su hija porque sintió un fracaso profundo en su experimento social destinado a crear la “mujer del futuro”. En ese instante Aurora salió de su casa, ubicada en el madrileño barrio de Chamberí, para ir directamente a la policía a confesar el crimen. Lo peor de todo es que nunca se arrepintió de su asesinato y repetía que volvería a hacerlo. Aurora culpó a Hildegart por llevar en la sangre la herencia genética de un padre “vago, mal amigo, egoísta y dominante”.

Este terrible suceso se convirtió a principios del siglo XX en uno de los crímenes más impactantes de España. Fue inevitable que se generara un debate político y psiquiátrico sobre este terrible suceso. Sobre todo entre los que querían enviar a Aurora a la cárcel y los que la querían enviar al psiquiátrico.
En esa época el Gobierno de España era principalmente de izquierdas, pero la derecha -con sus ideas más conservadoras- cada vez tenía más peso. Aprovecharon el fatal suceso como propaganda para decir que los “rojos” como Aurora eran unos auténticos psicópatas porque podían asesinar en cualquier momento a sangre fría.
Parte de la fiscalía, más bien de derechas, iba en contra de Aurora. A la vez estaban muy interesados en decir que Aurora era plenamente consciente de sus actos para publicar a voces que los “rojos” eran el diablo en persona.
Aurora Rodríguez Carballeira finalmente fue sometida a un juicio, en el que fue condenada a 26 años de cárcel. Terminó sus últimos años de vida en el Psiquiátrico de Ciempozuelos, diagnosticada como persona esquizo-paranoide, falleciendo el 28 de diciembre de 1955.
La reflexión personal que me surge después de profundizar en este tema es:
¿Parte de las ideas que publicó la joven Hildegart a lo largo de su corta vida salieron de ella?
O ¿hablaba por voz de su madre?
Personalmente siento una pena muy grande por Hildegart, por haber tenido la mala suerte de haber sido la hija de una madre totalmente posesiva y enloquecida. Aurora nunca sintió a su hija como un ser humano, sino más bien como un objeto caprichoso que tenía que cumplir sus propias expectativas.
En una ocasión, antes del terrible suceso, Hildegart le dijo a su madre unas palabras muy significativas:
“Quiero vivir mi vida libremente, sin imposiciones de nadie, pudiendo hacer en todo momento mi voluntad. Si eres tan inteligente como crees, no te será difícil rehacerte y acometer personalmente la pesada tarea que quisiste echar sobre mis hombros”.
BIBLIOGRAFÍA
Canal de YouTube de Blanca Guilero con el título: La historia de Hildegart Rodríguez, la Pigmalión española
Artículo publicado en ctxt.es el 21/09/2024 por Carmen G. de la Cueva con el título: Hildegart, la mujer del futuro
Artículo publicado en consellodacultura.gal con el título: Aurora Rodríguez Carballeira
Artículo publicado en cadenaser.com el 17/04/2024 con el título: Hildegart Rodríguez, el proyecto de hija perfecta que en terminó en parricidio
Artículo publicado en amp.elmundo.es el 03/07/2023 por Inmaculada Cobo con el título: Aurora Rodríguez: la madre liberada que mató a su hija Hildegart por ser libre
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